lunes, 30 de julio de 2012

Cambio de titulo (provisional)

Buenas, cuanto tiempo...
Se que me falta alguna entrada (como la de personajes) que subir, y lo haré antes de subir el siguiente capitulo, lo prometo.

Pero a lo que iba, he cambiado el titulo de la historia provisinalmente ahora es: Guerra de los Antiguos. No me acaba de convencer, pero es bastante mejor que la cutrez que tenia antes :P

Oh y otra cosa, los capítulos también se están subiendo en DeviantArt donde tengo Copyright.

martes, 3 de julio de 2012

Que comience la historia


Capítulo 1: Un niño perdido


          Cientos de cadáveres se avistaban de norte a sur y de este a oeste; la gran batalla había sido sin ninguna duda el último encuentro. Ninguno de los dos ejércitos tenía hombres suficientes para librar otra guerra similar, ni siquiera para pelear por una simple moneda de cobre… –Recitaba el juglar que había llegado al pueblo hacía unos días-. Del ejército del Imperio desapareció; de entre ellos, la raza Troll, que se dispersó y huyó. La raza Gergen eran mercenarios y como el Líder del Imperio había desaparecido, se fueron sin más. Ya sólo quedaba el propio ejército del Imperio, y, como su líder no estaba, se pusieron a buscarlo. Pero cuando lo encontraron, era demasiado tarde. Un guerrero, le había abatido: no tuvo miedo alguno y fue a matar a aquel que nos había condenado –Seguía contando mientras se movía de un lado para otro moviendo los brazos, los niños que había a su alrededor escuchaban entusiasmados, mientras que los adultos y ancianos, se divertían con el relato-. Cuando la batalla hubo finalizado, los soldados se preguntaron dónde estaría ese guerrero, pero descubrieron que no estaba muerto porque su cadáver no estaba allí, sino que una vez derribó al líder del Imperio, se fue… -El juglar se quedó callado y empezó a dar vueltas por el círculo cogiendo donativos por la historia-. Hasta aquí el relato del final de nuestra guerra ya pasada. Pido un hurra por ese guerrero tan valiente ya que, sin él, Dios sabe lo que podría haber pasado –concluyó la frase, sonrió e hizo una reverencia mientras la gente vitoreaba y gritaba ese hurra por el guerrero.

         No muy lejos de la multitud, pasaban un chico y su hermana pequeña. Se dirigían a las afueras del pueblo donde se encontraba su casa. Habían estado escuchando la historia a distancia y ahora volvían al hogar. Él tenía una estatura adecuada para su edad, tenía el pelo liso, de color castaño claro; También ojos azules y fuerza en brazos y piernas aunque no lo pareciera a simple vista. Ella, más bajita, también tenía el pelo castaño claro, una melena que le llegaba hasta bien cercana la cintura y ojos verdes que brillaban como esmeraldas. Sus nombres eran Shérim y Crystal, tenían 15 y 8 años respectivamente, vivían en el país de Arreit desde que nacieron y estaban instalados a las afueras del pueblo de Arjensin. Tenían una casa grande con cuadra, gallinero... Crystal era una niña a la que le gustaba hacer muchas cosas, pero sentía gran interés por la magia blanca, la cual se usa para la purificación y curación. Por el contrario, Shérim no tenía tanto placer en tantas cosas, prefería meterse en su alcoba, tumbarse en la cama e imaginarse a sí mismo viviendo grandes aventuras.

          Cuando llegaron a casa, la cena ya lista. En Arjensin tenían por costumbre cenar, más o menos, dos horas antes de la puesta de sol. Antes de llegar a la casa desde el pueblo se encontraba una colina en la que muchas veces, por fiesta, los aldeanos llevaban sus cenas en cestas e iban dando un largo paseo hasta ella. La llamaban “La Colina de las Lágrimas”, desde la cual, según la leyenda, una joven Princesa había despedido a su amado en lo alto.

 -¡Pero hoy no es fiesta! –Decía Shérim a su madre-. ¿Por qué tenemos que cenar allí?

 -Me da igual lo que digas, tu padre y yo nos casamos hace 15 años este mismo día, y hemos decidido celebrarlo allí –decía Anek, la madre del muchacho–. No tengo ganas de discutir así que si te quieres quedar, me da igual.

          Shérim vio cómo se dio la vuelta con la cara indignada por el comportamiento de su hijo, este se metió en su alcoba y se encerró en ella, como tenía por costumbre, para olvidarse de sus problemas y de los del mundo. Se tumbó en la cama y se durmió al instante. En otra parte de la casa, Crystal, que había oído los gritos y escuchado la conversación entre su hermano y su madre, salió de la cocina dirigiéndose a la puerta de salida, una vez fuera de la casa se dirigió a la cima de la colina y permaneció allí sentada pensando cómo podía ayudar. Al cabo de un rato, un hombre de aspecto huraño llegó a la colina y se sentó a su lado, tenía una barba blanca enorme y vestía una túnica. Cogió la mano de Crystal, asustando a la niña y dijo: “Tus deseos se hagan realidad” tras lo que se marchó. Crystal se quedó mirando como desaparecía el anciano, y entonces al bajar la cabeza vio una flor marchita, sin entender cómo, la flor se revivió.

 -¡¡Es magia!! –Gritó de repente a pleno pulmón-. ¡Es magia! Puedo hacer magia o ha sido el anciano, pero no… ¿Cómo? –Levantó la mirada buscando respuesta y a su mente volvieron las palabras del anciano. Se levantó y corrió hacia su casa, tras unos pasos vio a sus padres y a Pok, su cachorro: un pequeño Pastor Alemán. Fue hasta donde estaban y les explicó lo sucedido. Aunque sus padres no la creyeron, ella estaba entusiasmada con su nuevo don.

           “Es increíble… cascadas de agua pura y limpia le rodeaban por todas partes, era algo asombroso. Allí se sentía a gusto, se sentía alguien… pero había otra persona. Notaba una presencia extraña, una presencia inteligente. Se atrevió a moverse sobre el agua en la que estaba suspendido, y, cuando dio el primer paso, una voz resonó en toda la cueva “¿¡¡Estás tú preparado para avanzar!!?” Preguntó.

  -No… no lo sé -contestó Shérim-. ¿Quién eres? ¿Qué es este lugar?

  -Tienes demasiadas dudas muchacho, no hay respuesta para aquellos que no saben quiénes son y para aquellos que se ocultan. Sólo tú puedes decidir si estás listo o no y mi pregunta es: ¿Sabes de verdad quién eres?”

          Dicho esto, aquellas aguas cristalinas desaparecieron al instante y Shérim sintió una manta bajo su espalda, abrió los ojos y se encontró tumbado en su cama con la cara sudorosa, “¿Qué demonios ha pasado?” se preguntó.

          Al cabo de unas horas, sus padres y su hermana volvieron a la casa, que en esos momentos permanecía oscura. Fuera no se veía nada. El cielo estaba nublado y no permitía que la luz de la luna penetrase por ningún hueco dejado por las nubes. Shérim observaba desde el tejado a su familia mientras entraban en la casa. Sus padres estaban abrazados y su hermana iba sosteniendo una pequeña lámpara de aceite, cuando entraron se oyeron ruidos en la cocina donde su madre guardaba las cosas, su padre salió al patio trasero, donde se encontraba el ganado, a asegurarse de que el cerco estaba cerrado y Crystal se ocultaba en su alcoba pensando en lo sucedido con aquel extraño anciano. Cuando todo el mundo había entrado en la casa y se hubo silenciado el lugar, Pok llegó por detrás de Shérim y posó la cabeza sobre su rodilla mirándole, el muchacho lo miró y empezó a acariciarle la oreja. Durante un instante le pareció ver luz en el cielo, pero se fijó y no vio nada. “Será lo de siempre… esa luz…” pensó. Cuando dirigió su mirada al pueblo, observó que los aldeanos estaban divirtiéndose por algo que él desconocía. Se sentía solo y distante, diferente a los demás, perteneciente a otro lugar.

“-¿Dónde estabas? –una voz dulce resonó en los oídos de Shérim-. Hace tiempo que te busco ¿Sabes?, eres el niño perdido que andaba buscando.

          Shérim se despertó muy entrada la tarde, estaba tumbado en el suelo de su alcoba.  Había dormido bastante bien pero aun así se movía demasiado. Se dirigió a la cocina y allí vio la alegría de sus padres leyendo un pergamino. Al parecer era un comunicado de la familia real, en la que informaban al pueblo lo sucedido en los últimos días. Hablaban de la coronación, dispuesta para dentro de 5 años, de la Princesa del reino de Venk. Se olvidó del tema de la Princesa, pues “¿A quién le iba a importar?”, se centró en sus problemas. “¿Sabes de verdad quién eres? ¿Qué me ha querido decir? ¿Quién era esa persona?” pensaba en silencio para que sus padres no le preguntaran. Aun así se atrevió a hablar de aquel lugar tan extraño.

-Madre, ¿Conoces un lugar de aguas cristalinas? –Preguntó sin mostrar mucho interés.

-¿Aguas cristalinas? –Repitió ella-. Lo más parecido a aguas cristalinas en estas tierras es el lago de Sirgün, pero si te refieres a aguas puras, debes saber que hay un país, llamado Aqüis, que está lleno de manantiales, lagos, ríos… Y todos ellos de aguas puras y cristalinas.

-¿Dónde está el lago Sirgün? -Preguntó Crystal, ahorrándole la pregunta a su hermano.

-Está en la capital de Arreit, mejor dicho, en Asenger –contestó su padre.

          Shérim quería seguir hablando, pero si continuaba, sus padres preguntarían por su interés, y él no quería contar nada. Después de la comida su madre le pidió que fuera al pueblo a comprar alimentos para los próximos días. Le dio 500 Gans y le advirtió de los ladrones. Él acabó las compras a los 20 minutos, cuando se disponía a volver, se encontró con el juglar, que le entregó una carta de parte de una chica. Shérim se quedó mirando la carta. Cuando alzó la mirada al juglar, este había desaparecido. Llegó a casa, entregó la compra y el dinero a su madre y, como siempre, se ocultó en su alcoba. Se tumbó en la cama, abrió la carta y leyó:



       “¿Dónde estabas?  Hace tiempo que te busco.

            Eres el niño perdido que andaba buscando”   



                                                                 Shalina





¡“Qué letra tan bonita”!, pensó sin más. Luego recordó las palabras de su sueño. ¡Eran exactamente las mismas! Y ese nombre… ¿Quién sería?

          Esa tarde se dedicó a ayudar a su padre, aunque en seguida éste lo rechazó. El muchacho estaba tan sumido en sus pensamientos que no veía lo que hacía y había tirado todo el estiércol en el gallinero, quiso arreglarlo, pero su padre le echó. Crystal observaba desde su alcoba con Pok. El cachorro se había comportado de manera extraña desde hacía varios días, lo único que hacía era vigilar a Shérim. Cuando éste dejó a su padre recogiendo el estiércol decidió buscar un mapa en el poblado para dirigirse al lago de Sirgün. Sin poder evitarlo, atrajo la mirada de su hermana que le siguió con Pok. Una vez en el mercadillo del pueblo, Shérim buscó al filósofo Derkin, propietario de escrituras y grandes mapas a la venta. Tardó poco en encontrarle ya que nadie acudía a su puesto por lo que se dirigió al espacio vacío de la plaza. Cuando el juglar vio acercarse a Shérim, se lo llevó lejos, a su caravana. Una suerte porque Shérim quería hablar de la carta. No tanta suerte para Crystal ya que había perdido de vista a su hermano y ahora estaba perdida. Alzó la mirada un par de veces y vio a Derkin. Se acercó a él esperando que la ayudara, éste le dijo que esperara con él a que apareciera Shérim, si no, la llevaría a casa más tarde.

-¿No te molesta que nadie venga a tu puesto? –Preguntó Crystal al filósofo.

- No tiene por qué molestarme joven Crys –le respondió.

-¿Por qué me llamas Crys? –Preguntó ella de nuevo mirándole con curiosidad.

-¿Y por qué no? –Contestó devolviendo la mirada, y entonces señaló el cuello de la muchacha interesado-. ¿Cómo te hiciste eso?

          Al ver que Crystal no sabía a qué se refería, le enseñó en un espejo la marca que tenía en el cuello. Era una mancha blanca algo distorsionada que no encontraba forma y cuando la vio, se extrañó mucho y se tocó el cuello. Parecía como si hubiera estado ahí siempre; pero notaba calor, tenía vida para moverse. Un rato después, tenía una forma diferente, lo que les llevo a la conclusión de que no pararía hasta encontrar una forma real.

-No sé –contestó ella un poco asustada-. ¿Qué es?

-Diría que es una marca para identificarte como maga blanca –dijo Derkin estudiando la marca.

          No muy lejos de allí, Shérim hablaba con el juglar sobre la carta que le había entregado esa misma mañana, pero el juglar le había preguntado qué iba a hacer Shérim ahora. Éste se había quedado mirando al juglar intentando buscar respuesta, finalmente le preguntó quién era la chica que firmaba la carta. Pretendía preguntar por el significado de la misiva, así como quién la firmaba. El juglar le dijo todo lo que sabía, que no era gran cosa, y se fue. Una vez libre de él, Shérim se dirigió al puesto de Derkin pensando en qué podría significar el mensaje.

-¡Hola Shérim! Has tardado mucho –le habló Crystal cuando él llegó al puesto-. Te he estado esperando.

-Hola Shérim, ¿cómo te encuentras? –Saludo Derkin-. Se te ve pálido.

-Hola, Derkin –dijo mirando primero a Derkin y luego a su hermana pequeña-. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás en casa?

-Te seguí, he venido con Pok – le respondió ella señalando al pequeño Pastor Alemán, que se entretenía con una piedra.

-He estado hablando con tu hermana, y quiero decirte que me alegro mucho de que tenga… - Derkin dejó de hablar cuando vio que Crystal le hacía señales para que se callara -… un… gran her… ¡hermano! Sí, hermano, tú.

          Shérim los miró confuso. Derkin se comportaba de manera muy extraña. Buscó la forma de que Crystal se alejara del puesto y luego le preguntó sobre un mapa de Asenger que mostrara también el lago; y otro de Aqüis. Tenía el de Aqüis pero para el de Asenger tenía que llevarse el mapa de Arreit.

-¿Para qué los quieres? –Preguntó Derkin cuando Shérim le pagó y guardó los mapas con rapidez.

-Digamos que voy a hacer una pequeña excursión al lago Sirgün –le respondió él llamando a Crystal-. No se lo digas a mis padres no quiero preocuparles.

          Tras recibir el asentimiento de Derkin, abandonó el mercadillo seguido de Pok y Crystal, antes de salir del pueblo, echó un último vistazo a la tienda de Derkin, pero éste no estaba. Pasaron las últimas horas del día, Shérim estuvo inspeccionando los mapas buscando el camino más corto y el transporte necesario. Decidió ir a Sirgün tras dos días, para prepararse a tiempo, tras la puerta de su alcoba, oyó los gemidos de Pok pidiéndole entrar, Shérim le abrió la puerta y, una vez dentro, el animal se lanzó a por los mapas. Parecía entenderlo todo. Shérim salvó el mapa de Aqüis.

-¿Qué es lo que te pasa? –Le dijo al cachorro, que aun intentaba alcanzar el segundo mapa-. Menos mal que recuerdo el camino para llegar a la ciudad de Asenger... Es todo recto después de todo... –Expulso al cachorro del cuarto y se tumbó en la cama esperando a que anocheciera para recoger agua y comida sin que sus padres se dieran cuenta.

“-Te he estado esperando –decía una voz dulce como la miel-. ¿Vas a tardar mucho? ¿Sabes ya quién eres realmente?

-¿Quién eres? –Preguntaba otra voz desconocida-. ¿Sabes ya si estás preparado?

-¡¡Guau!! –Pok ladraba en su oído-. “No esperes a saber quién eres, pregúntalo” ¡Guau!”

          Las luces de la cocina estaban encendidas, y a su alrededor se oían voces, estaba empapado en sudor y un jarro de agua fría le caía en la cabeza, la pierna le dolía un montón como si se la hubieran cortado, la cabeza le dolía horrores. Descubrió que tenía un cuchillo clavado en la pierna y un golpe en la cabeza.

-¿Qué demonios has hecho? –Gritaba su madre-. ¡Shérim, despierta!

-Vamos, no cierres los ojos –decía su padre por detrás-. Crys tráeme agua rápido.

          Crystal obedeció audazmente, corrió al pozo y empezó a elevar el cubo para sacar el agua. Cuando volvió, Shérim estaba intentando explicar a sus padres que Pok le había hablado y que quería ir a conocer el lago Sirgün…

-¿Qué has dicho? –Preguntó su madre lanzándole una mirada asesina-. ¿Ibas a ir hasta el lago tú solo? ¿Y cómo va a hablar Pok?

-¿¡Quién soy!? –Pregunto el muchacho sin más-. Quiero saber quién soy. Estos días he tenido sueños raros con un lugar cristalino, me preguntaban que si sabía quién era, si estaba preparado… Me da igual el castigo por esto, pero contestadme, por favor. Eso fue lo que me dijo Pok: “pregunta quién eres” ¿Verdad Pok? – el cachorro lanzó un ladrido asintiendo y corrió a los brazos de Shérim, que grito de dolor cuando el cachorro le rozo la pierna.

-Me he perdido... –habló su padre con los ojos tranquilos y mirando al suelo-. ¿Qué sueños?

-¿Cómo? ¿Qué sueños? –Repitió él-. Pues sueños raros: Una chica, que me dice que me ha estado buscando, la voz de un hombre que me pregunta quién soy y luego Pok me dice que no intente averiguarlo sino que pregunte. Bien, pues estoy preguntando. Quiero una respuesta para esos sueños, y la quiero ahora.

-¿Permites que te conteste yo? –Derkin, el viejo filósofo, acababa de aparecer por la puerta-. Quizás deberías sacar el cuchillo de tu pierna y dejar que te lo curen ¿Crys? Cura a tu hermano –ella asintió y se dirigió hacia Shérim.

-¡Está loco! –Chillo Anek demostrando lo mal que le caía aquel anciano-. ¿Cómo le va a curar? Tendría que ser una Maga Blan… –Se quedó mirando a los ojos de Derkin que situó su mirada en Crystal-. Dios mío.

          Crystal curó la pierna y el golpe de la cabeza de su hermano en menos de un minuto, alzó la cabeza hacía sus padres y repitió lo que ocurrió la otra noche en la Colina de las Lágrimas, Shérim le dio las gracias y se fijó en que el cuello de Crystal había una paloma perfectamente dibujada, tras ello miró a Derkin y esperó su respuesta. No eran más que las 4 de la mañana cuando Derkin iba sólo por la mitad de la historia, que justamente era la parte que había contado el juglar sobre la guerra…

-Todo estaba oscuro. Nadie supo qué fue del guerrero ni qué fue de Yashlar, el Líder del Imperio. Un día en lo más profundo del castillo de la Reina, madre de la actual Princesa Shalina –ese nombre chocó como una bala en la cabeza de Shérim. Recordó que ella le buscaba. “¿¡La Princesa!?” pensó para sí-. El 28 de Ferber se supo que habían nacido dos niños idénticos en Cerinks: uno desapareció, el otro no. Se dijo que el que desapareció estaba destinado a rencontrarse con su padre un día de guerra y cuando esto pasara, volvería la paz al mundo – se quedó callado, miró a Anek y a Gosbin que tenía la cabeza gacha-. Bueno, ésa es la historia ¿Contesta a tu pregunta?

-No –dijo Shérim-. No contesta, no he entendido el final...

-Shérim, ¿Te has preguntado alguna vez cuándo cumples los años de verdad, o por qué no te pareces a ellos? –dijo señalando a sus padres.

-¿Qué quieres decir? Yo nací el 5 de Merk –respondió él-. Y respecto a que no me parezca a ellos, te equivocas.

-No soy quién para decirte esto, así que no hablaré. Ahora quiero saber si quieres ir al lago Sirgün conmigo. Me dirijo a Asenger, y como querías ir… –Derkin tenía el rostro serio y tranquilo al mismo tiempo. Gosbin seguía con la cabeza gacha y Anek le miraba con preocupación.

-¿De verdad? ¿Me llevarías contigo? –Se ilusionó Shérim-. ¿Puedo ir?

-Puedes ir, pero ¿Para qué vas a ir si no obtendrás respuesta a tu pregunta? –Contestó su padre-. Es decir, todo eso de tus sueños es estúpido y Pok no habla. Además, ¿Qué harás allí en el lago? ¿Meterte dentro y ver qué pasa? Allí no habrá nada. Y, cuando lo compruebes ¿Qué harás? Mira, estás pasando por una edad en que…

-Gracias papá, lo tomaré como un sí –le dijo evitando el tema de la edad.

-¡Vale!… allá tú -Shérim miró a su padre sorprendido, nunca le había visto así. Seguramente él sabía algo más de la historia que había contado Derkin…



          Un resplandor alumbró la carreta del mercante, había amanecido. Shérim se encontraba tumbado boca arriba, acababa de despertarse, pero seguía con los ojos cerrados. En lo más profundo de su mente tenía lugar una batalla de información que pretendía estar en primer lugar entre las demás. Ni siquiera él, que luchaba por elegir lo que pensar en ese momento, se decidía; hasta que un olor que entraba por el agujero de la carreta, le llamó la atención. Aún era temprano para desayunar y Derkin seguía durmiendo a su lado, así que había alguien allí fuera que hizo que Shérim temblara de miedo. Se oía un tarareo, fuera quien fuera, estaba tarareando una melodía preciosa. Al instante, Shérim se relajó. Ya no tenía tanto miedo, hizo un esfuerzo y se levantó. Al salir fuera se encontró con una hoguera encendida, encima de ésta una olla con comida y al lado del fuego, se encontraba sentada una chica de melena corta capeada de color castaño. Fue hacía ella con paso decidido y silencioso, pero ella oyó su respiración agitada y, al darse la vuelta para asegurarse de que no había nadie, vio a Shérim y huyó.

-¡Espera! –Gritó éste intentando sujetarla-. ¿Quién… eres? –Preguntó a la figura que corría entre los arbustos alejándose de allí.

-¿Qué demonios haces chaval? Me has despertado –Derkin apareció por detrás oliendo el guiso-. ¿Qué es eso?

-Pues… -Shérim no sabía que decirle, estaba bastante confuso-. El… desayuno supongo.

-Mmm no sabía que supieras cocinar, tu hermana me dijo que eras muy torpe en la cocina –dijo probando el guiso-. ¿Cómo se llama este guiso?

“No sé cocinar para nada, yo no he sido” –pensó para sí-. Se llama… “Cassel”

-¿Cassel? –Le preguntó asombrado-. Es lenguaje élfico. Vaya me sorprendes. ¿Sabes? “Cassel” significa “chica”.

-¿En serio? –Preguntó Shérim abriendo aún más los ojos-. “Sí me lo acabo de inventar”

-Algo me dice que no lo sabías –Derkin rio entre dientes mientras tomaba otro plato del guiso.

-Pues no. Por cierto Derkin… ¿Qué es élfico? –Preguntó, una vez sacado el tema tan raro.

-Pues verás, élfico es el lenguaje de los elfos. Son una raza de este planeta, Arefse. Suelen vivir en los bosques, de los que salen contadas veces, y si están fuera es que nada bueno va a ocurrir, son gente tranquila. Se les puede distinguir muy fácilmente, pues los elfos tienen una piel muy suave al tacto, y también preciosa al ojo humano. Tienen también orejas puntiagudas, su visión es perfecta, y su cabello suele ser claro. Son además muy ágiles y grandes maestros montando a dragones, bueno… “eran” grandes maestros montando dragones, puesto que los dragones ya no existen… -Derkin frunció el ceño mostrando su desilusión-. ¿Qué te pasa?

-¿Has dicho dragones? –Preguntó Shérim muy sorprendido-. Mi padre me dijo que la guerra empeoró por la aparición de los dragones. Entonces esos tipos, los de orejas puntiagudas… ¿Eran enemigos de la Reina?

          Derkin se quedó mirando a Shérim, el anciano parecía una estatua mientras el chico le miraba dudoso y temeroso por lo que acababa de decir sobre esas extrañas criaturas. Parecía estar tomando decisiones complicadas, sólo que no hacía ningún gesto que mostrara asentimiento o negatividad. Estaba absolutamente quieto.

-Creo… -Habló por fin-. Que debo contarte lo que ocurrió antes, durante y después de la guerra. –La cara de Shérim se iluminó, por fin la historia entera-. Para que entiendas una cosa, los elfos nos ayudaron a acabar con la guerra sólo por usar los dragones y, a causa de ello, los dragones se extinguieron…

-No entiendo qué quieres decirme con eso, pero cuéntamelo por favor –le pidió el chico con el brillo en los ojos.

-Pues céntrate, que esta historia...

-…va a ser larga –se oyó la voz de una chica al otro lado del matorral. Tanto Shérim como Derkin se giraron a la vez para ver quién era la persona que acababa de hablarles. Para su sorpresa, era una chica bastante joven de unos 12 o quizás 13 años, vestía unos pantalones, de color verde oscuro, que le llegaban por debajo de la rodilla con un par de rasgones en estas y una camiseta, blanca. Parecía pobre, en cambio vestía mucho mejor que ellos, que simplemente llevaban ropas harapientas marrones, Shérim se dio cuenta de que era la chica que había hecho el guiso –me gustaría oír también la historia, si no le importa.

-Ahh… claro siéntate ¿Quieres un poco de guiso? –Le ofreció el viejo filósofo mientras ella se sentaba y negaba con la cabeza-. Bueno, pues empiezo:

          “Trece años antes de que la guerra estallara en Arefse, todas las naciones: Aqüis, Arreit, Venk y Cerinks, convivían en paz y armonía unas con otras. Por aquél entonces, Cerinks era un país habitable y precioso pese a que había numerosos volcanes. La vida allí no era mala, lo sé, porque yo vivía allí. En Venk, la Reina acababa de casarse tras trece años de reinado y teníamos nuevo Rey. Ambos reinaron bien y mejoró la vida en el país. En Aqüis se había decidido hacer puertos y ciudades con una energía que mi padre, que era el investigador oficial de los Reyes, había descubierto y desarrollado. Esta energía se había empleado en la antigüedad para construir el castillo que hay en Venk. Me refiero a que los constructores crearon pasadizos y túneles dentro y debajo del castillo por orden de los antiguos reyes. La energía se habilitó para construir en Aqüis sin contaminar. En Arreit todo era normal, era un país dedicado a la agricultura y la ganadería. Arreit y Venk, al tener bosques, son los únicos países en los que viven los elfos. También había otras razas aparte de los humanos y elfos: como la raza Tamok, que eran nómadas que vivían en Cerinks, o la raza Gergen que eran los malhechores de la época, estos no eran muy listos, por lo que nunca fueron un gran problema. También estaban los Trolls, los Enanos y los Gnomos. Los Gnomos son más bajitos que los Enanos, en cambio, son grandiosos ingenieros: inventaron numerosas máquinas que funcionaban con la energía de mi padre. Actualmente son los habitantes de Aqüis. Cerinks, al ser un país con numerosos volcanes, era perfecto para los Enanos, a éstos les encanta la lucha; ellos mismos crean sus propias armas en la forja. El material que usan para la forja es la lava de los volcanes, mediante conductos que llevaban la lava hasta sus ciudades; pero ahora están exiliados de Cerinks y no pueden volver sin orden de su legítimo Rey. Los Trolls viven en pequeños grupos y están situados en Venk y en Cerinks. Los Tamok, que son criaturas robustas y fuertes, podían servir en el ejército perfectamente pero, aunque los humanos les gustaban, preferían vivir alejados de ellos viajando por Cerinks en busca de zonas de caza para vivir durante meses. Se parecían mucho a los toros en aquella época, ahora no lo sé. Los mercenarios, la raza Gergen, eran criaturas horribles, su aspecto era realmente terrorífico: No sé si tenían piel o no, pero estaba absolutamente pegada a sus huesos, tenían una fuerza extraordinaria a pesar de no tener músculos, eran bajitos y no solían tener pelo, tanto los huesos de sus rodillas como los de los codos sobresalían hacia fuera como estacas. Si alguna vez un Gergen mató a alguien, lo mató usando esos huesos. Luego su cara: no tenían pelo y tampoco tenían orejas, o al menos yo nunca le he visto una oreja a un Gergen, puede que fueran unas orejas pegadas a la cabeza, o sólo un simple agujero, su nariz… Bueno, se podría decir que era una nariz rota, incrustada en su cara. Sus dientes eran afilados –dijo mostrando su brazo a los muchachos, que observaron una cicatriz-. Sólo tenían 3 dedos en los pies y 4 en las manos, aunque más que dedos, tenían garras. Y en su espalda tenían unas alas muy pequeñas que no podían usar. Ahora, si existen, no sabría deciros si han evolucionado, esta es la apariencia que recuerdo de hace trece años. Estas son las razas que yo conozco. Prosigamos con la historia. Durante este período de paz, el Rey y la Reina no hicieron caso de las profecías y no se dieron cuenta de que el clima y el paisaje de Cerinks estaban cambiando. Una de aquellas profecías decía: “Durante una erupción que destruirá el paisaje entero, el ser protector del templo del Titán será beneficiado por el mismo Titán que le otorgará el mayor de los poderes”. Lo que la profecía dice es que quien protegiera el templo del Titán durante una erupción volcánica, que debería haber arrasado ese templo, recibirá un gran poder. Recibirá, en teoría, el control sobre el poder de este Titán. Para nosotros, la magia negra. Como creo que os imagináis, fue Yashlar quien intentó proteger el templo, el cual no fue destruido, por lo que Yashlar recibió ese poder maligno trece años antes de la guerra. Lo usó para hacer retroceder la lava del volcán y construir su castillo dentro del cráter. El castillo acabó rodeado por un foso de lava que Yashlar controlaba a su antojo, éste quería conquistar el planeta y, para hacerlo, se valió de las profecías que los Reyes olvidaron. El paisaje de Cerinks cambio en los siguientes 4 años. Los Enanos se habían exiliado de sus ciudades huyendo a Aqüis, y fue entonces cuando los Reyes de Venk se dieron cuenta de lo que acontecía en el país. Le pidieron explicaciones a Yashlar, quien les dijo bien claro que conquistaría el mundo y les declaró la guerra. Lo que los humanos jamás pensamos, era que Yashlar tuviera bajo sus órdenes un ejército enorme que contaba con unos pocos humanos y con guerreros Tamok, Trolls y Gergens. Aun así los Reyes no aceptaron la guerra y le cedieron a Yashlar el territorio de Cerinks.

          Derkin se levantó para estirar las piernas y respirar tranquilamente. Estaba pensando en cómo explicarles el resto de la historia. Shérim cogió otro plato del guiso que había hecho la chica, mientras ella, se sujetaba las rodillas con los brazos, esperando que Derkin prosiguiera su historia.

-Shérim, será mejor que nos pongamos en marcha; se acercan nubes de tormenta –dijo entonces, empezando a recoger-. Tranquilo, seguiré con la historia en el viaje.

-Vale ¿Y el desayuno? –Preguntó él, levantándose para ayudarle.

-No lo tires, está delicioso –dijo relamiéndose-. Si te diriges a la capital, puedes venir con nosotros –dijo el filósofo dirigiéndose a la muchacha.

-Gracias ¿No quiere saber quién soy, señor? –Preguntó la chica. Derkin la miró fijamente y luego sonrió.

-Una forma bastante peculiar de buscar transporte, cocináis muy bien Ecila –le dijo, ella asintió sonrojada-. Bienvenida, Princesa.

          Los dos miraron a Shérim que estaba recogiendo y no se había dado cuenta de nada. “Él. ¿Será de verdad el ser que menciona la profecía?” pensó Ecila. Luego vio asentir a Derkin creyendo que había entendido lo que ella pensaba al mirar a Shérim. Le ofreció subir en la parte de atrás junto con Shérim mientras él guiaba el carro y se disponía a proseguir con su historia.

-Esto… Derkin, ¿qué es la magia negra? –Le preguntó Shérim mientras miraba a la muchacha de reojo. Ésta se había sentado en el borde de la carreta mirando hacia el exterior-. Oí algo parecido ayer en casa.

-Mmm… ¡Ah! Ya recuerdo, tienes razón –le dijo éste al tiempo que dirigía a los caballos –pero lo que oíste en tu casa fue Maga Blanca.

-¿Maga Blanca? –repitió el muchacho.

-¿Acaso no escuchaste a tu hermana cuando lo explicó?

-Te recuerdo que tenía un golpe en la cabeza y clavado un cuchillo en la pierna antes de que ella empezara a explicarse, como comprenderás, no estaba despierto, por decirlo así.

-Bueno tranquilo –le respondió él riéndose-. Veamos, la magia negra es… No sé cómo explicártelo, es como…

-Es un poder que sólo tienen algunos seres de este mundo, consiste en utilizar la naturaleza a tu favor, es decir, utilizar el agua, el fuego, el viento y la tierra a tu antojo, mucha de esa gente que es capaz de usarla, la desarrolla hasta llegar al punto de conseguir combinaciones entre los poderes y formular incluso conjuros. Hay escrituras antiguas que confirman la existencia de grandes conjuros oscuros que utilizan el poder de seres extraños con un poder asombroso y de un gran poder destructivo. Quienes poseen esa habilidad son llamados “Hechiceros Oscuros”. En resumen, la magia negra es un arma destructiva que solo sirve para eso, destruir –explicó la muchacha, Ecila, sin ni siquiera moverse.

-Gracias por explicármelo –dijo Shérim con asombro “¿Quién demonios es esta niña?”

-Por el mismo método, los llamados “Magos Blancos” utilizan el poder purificador de estas energías para sanar a cualquier ser vivo. A eso se le denomina magia blanca. Cada una de estas personas tiene un símbolo que le caracteriza como perteneciente a uno de los dos grupos: los Magos Blancos suelen tener ese símbolo en su cuello, detrás de la oreja, y suele ser una paloma blanca, pero en algunos casos ni siquiera han tomado forma. Puede notarse que el símbolo está “vivo” con sólo tocarlo. Los “Hechiceros Oscuros” tienen como símbolo un cuervo, o en la mayoría de los casos, una mancha negra, en el dorso de su mano. La mancha negra se dice que es porque el Hechicero es malvado y el cuervo se dice que es porque es un buen Hechicero y lo mis…

-Pero… habíais dicho que la magia negra la usaban para destruir –la interrumpió Shérim que miraba hacia ella con la misma cara de asombro que Derkin que había detenido la carreta.

-Lo mismo pasa con el símbolo que designa a los Magos Blancos, dicen que la paloma es porque se es un mago inexperto, es decir, que aceptas serlo y sea lo que sea el otro símbolo, es porque al igual que ya eres un experto eres una gran persona que haría lo que fuera por salvar a otra… -se quedó callada por unos minutos, cabizbaja-. La magia negra es destructiva, sí... pero, como dije antes, los Hechiceros Oscuros no tienen por qué ser siempre malvados. Algunos usan ese poder destructivo para ayudar al resto.

-Vaya… ni yo lo hubiera explicado mejor –le dijo Derkin-. ¿Quién te instruyo?

-No tuve instructor, lo tuve que aprender todo yo sola.

-Esto… ¿Cómo es que sabes tantas cosas de esos símbolos? –preguntó Shérim.

-Pues verás eso sí me lo explicaron. Mira, yo tengo una mancha blanca en el cuello, pero también una negra en el dorso de mi mano izquierda. Ninguna de las dos ha tomado forma. Las noto cálidas, se mueven, pero no encuentran forma –le dijo mostrando las dos marcas.

-¿Puede ser alguien de los dos tipos sin que le pase nada? – volvió a preguntar Derkin bastante interesado, Ecila rodeó sus piernas con los brazos y apoyó su cabeza en ellas, con gesto deprimido. Sus ojos empezaron a empañarse.

-No tengo ni idea –Contestó ocultando un sollozo-. Para ser sincera, nunca he podido utilizar ninguna de las dos magias, ni siquiera acepto ser así, de ninguna de las dos formas.

-¿Sabes una cosa? Hasta hace unos días yo no me preocupaba de nada, y vivía muy bien con mis padres, mi hermana y mi pequeño cachorro. Un día, creo que hace dos semanas, me llegó una carta de una chica, ese mismo día, tuve un sueño muy raro y las noches siguientes también. En esos sueños me preguntaban quién era yo, que si lo sabía... Por supuesto, yo no entendía nada y empecé a preocuparme. Entonces, sin decírselo a nadie, quise dirigirme al lugar más cercano que se pareciera a mi sueño, pero Pok, mi perro, me dijo que preguntara por ello a alguien, y eso fue lo que hice –Shérim le estaba contando sus problemas mientras ella intentaba no llorar-. Así que ahora estoy aquí, con este chiflad… filósofo, llamado Derkin...  jeje –miró a Derkin con una sonrisa-. Y yo me llamo Shérim. Encantado, eh…

-Ecila… Mi nombre es Ecila –dijo, secándose las lágrimas-. Perdona lo de antes, buscaba transporte. Por cierto… ¿De quién era la carta que recibiste?

-¿La carta? Pues en el sobre estaba el sello real y el juglar que me la entregó no sabía ni quién la firmaba; pero luego Derkin, nos contó algo de la historia en mi casa y dijo su nombre y que ella era la Princesa –respondió Shérim mientras sacaba la carta de su mochila-. No sé… ¡Eh!

          Ecila le arrebató la carta y la abrió rápidamente, la leyó, y, al ver el nombre de la Princesa escrito de su puño y letra, sonrió y al instante empezó a temblar. Sin ni siquiera pensarlo, Shérim la abrazo con fuerza.

-¿Puedo ver la carta? –Pregunto Derkin mirando a Shérim y a Ecila, ésta le dio la carta mientras seguía abrazada a Shérim-. No puede ser…

-¿Qué pasa con la carta? –Preguntó Shérim.

-Verás, se supone que esta persona, Shalina, es la Princesa del reino de Venk, pero estaba desaparecida.

-Pero si llegó una carta diciendo que se estaba preparando su coronación... –le replicó él-. Aunque es dentro de cinco años.

-Eso fue para que nadie se preocupara por su ausencia en eventos importantes -informó Ecila-. Cuando desapareció, se acordó no decírselo a nadie. Me gustaría saber dónde está...

          Shérim ya no sabía que pensar. Ecila parecía muy feliz de ver que aquella chica, la Princesa, estaba viva. Tampoco entendía muy bien por qué Ecila era maga de dos tipos... No es que entendiera muy bien ese tema, pero aun así, quería ayudarla a sentirse mejor. También quería escuchar el resto de la historia de Derkin. Ya no le importaba mucho saber quién era. Le parecía bien que Ecila estuviera feliz gracias a algo que él tenía, pero, ¿Por cuánto tiempo iba a estar en aquella situación de curiosidad? “¿Acaso no soy hijo de mis padres? Pues ya está ¿no?” pensó para sí, mientras acariciaba la cabeza de Ecila con una sonrisa. “¿Qué pasará ahora? Parece que empiezan a aclarase algunas cosas.”

-¿Quién te dio la carta? –Derkin rompió el silencio, parecía enfadado.

-El juglar que estaba en Arjensin –repitió Shérim.

-¿Y no sabía que la carta era de la Princesa? –volvió a preguntar.

-Bueno la verdad es que me dijo una cosa muy rara, cuando le pregunté…

“-Oye ¿De quién es la carta? –preguntó Shérim.

-Lo siento mucho chico, yo no sé nada –le dijo el juglar con rapidez-. Yo solo le di la carta al único chico del pueblo que viviera a las afueras. ¿Qué harás?

-Pero deberías saber quién te la dio ¿no? –se extrañó Shérim.

-Verás, no me la dieron en persona cayó del cielo junto con otra carta, la otra iba dirigida a la persona que las encontrara y decía:


              “Hola, si estás leyendo esto es que has encontrado las cartas.

       Por favor entrégale la segunda carta al único chico del pueblo de

       Arjensin en Arreit que vive a las afueras, llegarás a ser

      recompensado lo prometo”


                                                                                   Shalina



…supe que era una chica porque firmaba la carta. Tienes suerte de que yo la encontrara, ya que me dirigía hacia aquí. Siento no poder ayudarte.”

-¿Eso fue lo que te dijo? –pregunto Ecila mirándole a la cara, aún le estaba abrazando.

-Si eso fue, la verdad es que no me dijo mucho –reflexiono-. Lo que no entiendo es cómo cayeron las cartas del cielo... ¡Ah! Derkin debemos continuar y dijiste que nos contarías el resto de la historia –le reprimió Shérim-. Además pronto será la hora de comer.

-Ni que fuera culpa mía que el tiempo pase tan rápido, come algo del guiso y calla –se enfadó él-. Ecila, comed vos también.

-¡Sí! –respondió asustada mientras soltaba a Shérim e iba a coger algo del guiso.

          El viaje a Asenger continuó su curso Shérim y Ecila comían del guiso y Derkin dirigía los caballos dispuesto a proseguir su historia.

-“Al concederle a Yashlar el territorio de Cerinks intentando, así, evitar una guerra. Le dio tiempo a éste en los siguientes 6 años, a conquistar Cerinks completamente, puesto que ningún habitante estaba de acuerdo con que Yashlar hiciera lo que le diera la gana y destruyera la nación, así que hubo numerosas revueltas. Saqué a mi madre del país antes de que llegaran a nuestra aldea. Yo tenía ya 48 años y quería haber formado parte de los rebeldes pero mi madre me importaba más y me quedé con ella. Huimos a Aqüis ya que mi padre, que, pese a su edad, seguía investigando, vivía allí y por lo tanto teníamos casa. De los Gnomos que capitaneaban barcos y salían a las tres naciones me enteré a los 3 años de que en Cerinks todos los grupos rebeldes habían sido derrotados y no quedaba nadie. Ahora el país estaba formado por ríos de lava, tierra muerta en la que Trolls, Gergens y Tamoks habitaban. Fue una noticia tan terrible que mi madre acabó muriendo de tristeza a las pocas semanas, y mi padre, al no soportar la muerte de mi madre, también murió a los pocos días. De otro capitán me enteré de que habían robado un barco y que se dirigían a Venk. Yashlar había vuelto a declarar la guerra a los Reyes, pero éstos estaban preparados y hundieron el barco.

La flota real estaba defendiendo el acceso a Venk, Arreit y Aqüis, desde hacía dos meses previniendo cualquier ataque. Así… comenzó la guerra.

Siguieron defendiendo durante al menos 2 años más y Yashlar que había abierto una brecha con su magia por la zona sur de Venk tuvo que retroceder, tras un ataque por parte de los elfos. Esto le dio la oportunidad al ejército real de situarse en Cerinks junto con Elfos, Enanos y Gnomos. El ejército de Yashlar no volvió a salir de Cerinks. Las otras naciones estaban a salvo. La guerra continúo durante 8 años más, justo cuando la reina cumplía su noveno mes de embarazo, dio a luz a la Princesa Shalina el 4 de Ferber. A finales de mes más o menos Yashlar tuvo a sus 2 hijos, gemelos. Una profecía decía que uno de ellos le mataría, así que quiso deshacerse de los dos, pero cuando iba a matarlos, un destello salió de todas partes cegando a Yashlar. Cuando el Rey se dio cuenta de que el Ejército de Yashlar estaba inutilizado, mandó atacar con todo lo que tenía. Lo que pasó después no lo sé exactamente pero cuando Yashlar despertó sólo quedaba uno de los dos niños. Él estaba herido de gravedad y su mujer había desapareció también. Los niños nacieron el 28 de Ferber, la guerra terminó con aquel destello –esto último lo dijo mirando fijamente al chico.

-No te hagas el interesante Derkin –le dijo Shérim, él se extrañó-. Dijiste: “antes, durante y después de la guerra”. Queda el después venga cuenta.

-Bueno ya voy tranquilo –dijo riendo con una mirada triste-. “A los pocos meses de desaparecer la mujer de Yashlar, Cerinks había empezado a ser desalojada por los ejércitos, no quedaban guerreros que pudieran luchar, mensajeros secretos del Rey anunciaban que un guerrero había herido a Yashlar de gravedad y que estaba escoltando a la mujer y al niño que huyeron. El Rey en un último intento de averiguar si Yashlar seguía vivo o no, mandó a una tropa de 20 soldados a que lo encontraran y lo mataran si era necesario. De estos soldados sólo volvió uno que actualmente es consejero real en la corte, asegurando haber matado a Yashlar, el final había llegado completamente, en estos días empezaría el periodo de paz. Pero ¿Qué fue del guerrero, de la mujer y el hijo de Yashlar? Pues siguieron huyendo, caminaron por toda Cerinks buscando un barco, una barca, algún elfo que quedara con un dragón vivo. Intentaban salir de Cerinks a toda costa. Pasó como mucho un mes hasta que los barcos empezaron a llevar a los habitantes al país. Algunos no volvieron, otros ni siquiera se habían marchado y estaban muertos. El guerrero en una noche de penumbra, descubrió el poco tiempo que le quedaba a la mujer de Yashlar, pero no se lo dijo, le seguía dando ánimos y hasta le entregó un amuleto que su novia le había dado. Le decía que vería un mundo diferente, que aguantara hasta verlo. Pasaban los días y la mujer empeoraba cada vez más pese a que el guerrero la arrastraba en carro y daba medicinas. Tirando y tirando del carro con los hombros cansados y las manos heridas, el guerrero alcanzó el mar. Por su mejilla empezaron a caer lágrimas; a lo lejos podían divisarse hasta seis barcos, y los que quedaban por llegar. Fue hacia la mujer que se hallaba dormida sujetando a su hijo con gran fuerza. Al despertar se sobresaltó de ver al guerrero frente a ella con una sonrisa y la cara empapada de lágrimas. Este le dijo:

-Sand, alégrate, lo hemos conseguido. Pronto estaremos fuera de este lugar inmundo.

-No sabes… cuánto te lo agradezco… coff, coff… -su voz era muy débil y tosía cada vez más-. Quiero que cuides de mi hijo… coff, coff, coff… por favor… yo, sé que ya no puedo seguir… este es mi fin… coff, coff… pero, me alegra el haber visto el mar por primera vez antes de irme y… todo gracias a ti -la tristeza inundo el corazón del guerrero. Lo único que supo hacer fue abrazar a la mujer y al niño hasta que esta pereció. Sus lágrimas ahora expresaban diversos sentimientos, felicidad, tristeza, odio, ternura… Aceptando la última voluntad de la mujer a la que había protegido y arrastrado por más de medio país. Cogió al niño y lo posó sobre una manta. Lo dejó  durmiendo mientras, a la espera de que un barco llegara, le ofrecía a la mujer un entierro digno de una Reina entregándola al mar, aunque no fuera una Reina verdadera por ley, pero Yashlar jamás podría encontrarla. Horas más tarde el guerrero tomo al niño y se subió a uno de los barcos que le sacarían del país. Mientras el barco avanzaba a través del mar el guerrero pudo vislumbrar el cuerpo sonriente de la mujer de Yashlar mientras se hundía en el océano. También el colgante que el guerrero le dio a la mujer para que tuviera fuerzas se hundió junto a ella”.

-Vaya... –Comentó Ecila, lágrimas de desolación amenazaban caer por sus mejillas al igual que las de Derkin y Shérim, este último no podía parar y le embargaba una gran tristeza-. Me alegro de que ella rectificara sobre su marido y lo que había hecho, pero es un final muy triste…

-Pero digno… -le cortó Derkin-. La historia sigue un poco más ¿Queréis que acabe?

-Sí, pero… Derkin ¿cómo sabes del guerrero y la mujer? –Le preguntó el chico con la cabeza cabizbaja.

-Yo estaba en ese barco, y pude ver el cuerpo hundiéndose. Él para evitar el dolor que le producía lo que aquel niño había pasado y lo que le pasaría me lo contó, después se sintió mucho más tranquilo –contestó él. Todos guardaron silencio, solo se oía el ruido del viento entre los agujeros que había en la tela de la carreta y el viento que atravesaba las ramas de los árboles del bosque de Brindüin que avanzaba paralelamente a ellos. El sonido del viento creaba un ambiente adecuado para la historia de Derkin, al igual que la poca luz que quedaba.

“-El guerrero llegó a tierra junto con el niño, que seguía dormido, emprendió su viaje a casa al igual que yo emprendí el mío en el barco una vez más para dirigirme a Aqüis donde me quedé a vivir hasta que me hice mercante, al separarnos:

-¿Qué harás ahora? –le pregunté.

-Volveré a casa, me está esperando mi futura esposa –contestó el guerrero.

-¿Y qué pasara con el niño?

-Lo criaré como si fuera mío, le ocultaré la verdad para que no sufra. No quiero que sepa por qué murió su madre, ni quién fue su padre. Evitaré todas las situaciones que tengan que ver con ello –acabó de decir, y miró hacía donde me encontraba, al ver que iba a protestar-. Lo sé, las profecías lo dicen, que se unirá al padre, que no está muerto, pero yo me encargaré de evitarlo, y el Rey mandó asegurar su muerte así que no creo que haya problemas. Bueno, adiós Derkin –acabó diciendo esto cuando el barco comenzó su transcurso hacía Aqüis. Le vi despedirse con la mano y simular que el niño también lo hacía. Cuando la costa empezaba a desaparecer se dio la vuelta y se marchó. De esto hace ya más de 15 años.”

          La noche se les echó encima al rato. Durante la cena nadie dijo nada, ni sobre la historia ni sobre nada. Comieron el resto del guiso que Ecila había hecho por la mañana. Shérim pensaba en la historia, aunque ya no le importaba tanto saber quién era, empezaba a tener dudas una vez más, aunque esta vez distintas “¿Quién fue el guerrero? ¿28 de Ferber? ¿Dónde se encuentra ahora el niño? ¿Y qué demonios quiere de mí la Princesa de Venk?” pensaba para sí mismo. A su vez Ecila se sentía triste. Ella al igual que Derkin tenía una mínima idea de quién era el niño, pero ella también tenía sus problemas como el por qué era maga de dos tipos, el descubrir dónde estaba la Princesa y luego estaba su misión, el trabajo que debía hacer en Arreit y por el cual tuvo que venir. Derkin estaba triste, había tenido que recordar aquel cuerpo hundiéndose, el país de Cerinks en ruinas, la muerte tan repentina de sus padres… Al dormir, Shérim le cedió a Ecila su manta y su almohada de paja y, también, su sitio en la carreta juntó a Derkin, mientras él se conformaba con dormir al lado de la lumbre. Pasaban los segundos, los minutos y las horas, se oían los ronquidos de Derkin en el interior de la carreta y los movimientos de Ecila al intentar taparse para no oírlos y, aunque lo intentara no podría dormir así que, cogió la manta y la almohada que Shérim le había dado y salió de la carreta para tumbarse al lado de éste. Al darse cuenta de que estaba despierto le ofreció la manta que aceptó con suma gratitud. Aquella noche hacía bastante frío, aunque no era nada comparado con los inviernos en Arjensin. Después de todo aquel frío era normal, pues estaban a mediados de otoño. Ecila se giró de espaldas para intentar dormir, mientras Shérim se tumbó boca arriba y mantenía los ojos cerrados, pues intentaba embaucarse de nuevo en lo que estaba soñando antes de que los ronquidos de Derkin empezaran de nuevo. Al no conseguirlo abrió lentamente los ojos. Al instante millones de puntitos se dibujaron en su pupila formando constelaciones. En el cielo se dibujaban las más expectantes para aquella época. La más espectacular sin duda era el “Véngarz” que formaba la espléndida figura de un dragón alado.

-¿Sabes cómo se llama? –Le preguntó Ecila incorporándose.

-Mi padre me dijo que se llama “Véngarz”…

- …Porque dibuja la figura de un dragón alado, como los que usaron los elfos durante la guerra, si te fijas parece que vaya a echar a volar en cualquier momento –dijo ella acabando la frase.

-Vaya… sabes élfico, me alegro –dijo asombrándose de otra de las constelaciones-. Yo sé que se llama así porque me lo dijo mi padre, pero sé que es élfico después de lo que Derkin me dijo esta mañana, lo intuí.

-Te equivocas, no se élfico, solo tuve que leerme una vez un libro que hablaba de astronomía para recordar las constelaciones más importantes.

-¿Podrías decirme como se llama aquella de allí? –Pregunto señalando una constelación en forma de ojo.

- Creo que es la “Visse” significa divinidad.

-¿Divinidad?  -Repitió el chico bostezando-. Pues le queda mejor “ojo” ¿No te parece?

-No bromees –le reprimió la muchacha con una sonrisa-. Se llama así porque los elfos creen que es el ojo divino de Dios.

-Así que los elfos son los que han puesto los nombres de las constelaciones, por cierto mi padre también me dijo que había un dragón caracterizando cada estación y punto cardinal ¿Es cierto?

-Pues sí: el “Véngarz” o “dragón alado” caracteriza el otoño por que las hojas se caen de los árboles y representa el oeste hacía Venk. El “Lingarz” o “dragón acuático” caracteriza el invierno por el frío y la nieve y representa al norte hacía Aqüis. El “Reïtgarz” o “dragón resplandeciente” caracteriza a la primavera porque es la estación en la que florecen todos los campos, estén donde estén, y representa el este hacía Arreit, y la capital élfica, la ciudad de Tylttea. Y el “Nirgarz” o “dragón de fuego” caracteriza el verano por que hace más calor que en otra estación y representa el sur hacía Cerinks.

-Impresionante –dijo Shérim realmente asombrado y estirándose buscando alguna comodidad en el frio suelo-. Bueno, aunque me ha encantado la clase de astronomía deberíamos intentar dormir un poco ¿Vale?

-Si Derkin hubiera dejado de roncar, te aseguro que estaría dormida –bromeo ella tumbándose una vez más para intentar dormir.

-¿Te has fijado en que te habla con más respeto que a mí? –comento Shérim tumbándose.

-En serio… -Ecila ocultó una sonrisita.

-Le habrás caído mejor que yo… Bueno hasta mañana, que duermas bien Ecila.

          Solo había una cosa en la que Shérim tenía una tremenda curiosidad, ¿Quién es el niño?, aunque ya se lo imaginaba. Se tumbó de espaldas a Ecila para intentar dormir “Si hace falta le tiró una piedra, a ver si deja ya de roncar” pensó para sí mismo. Al cabo de unos minutos Ecila ya se había dormido, la muchacha debía de estar cansada, la noche estaba bastante avanzada y por culpa del viejo filósofo Shérim seguía sin poder dormir, aunque pronto empezó a oír otro sonido, parecía un susurro que el viento traía desde lo más profundo del bosque, podía oír música y una bonita voz. Pronto empezó a notar el cansancio del día y empezó a dormirse, aun escuchaba aquella voz que provenía del corazón del bosque.

“-¿Aún duermes? –Alguien hablaba-. Levántate ya por favor.

Una brisa cálida rozaba su cara ¿¡En pleno otoño!? Temiendo lo que se pudiera encontrar, abrió lentamente los ojos. ¡Estaba en unas ruinas! Cerca había un gran lago.

-Ese lago… -se dijo para sí-. Lo conozco.

-¡Pues claro que lo conoces! –Volvió a hablar la extraña-. Fíjate bien, ¿Qué ves al otro lado?

-¿Al otro lado? –Se giró y miró al otro lado del hermoso lago, había dos niñas jugando cerca del agua, una era algo mayor que la otra, también había un hombre mayor vigilándolas portando una corona.

-¿Te acuerdas? –Dijo la extraña-. Te gustaba jugar conmigo en la orilla del lago. Hasta cuando papa y mama murieron y nos prohibieron venir, tú te escabullías era…

-…mi rincón favorito –terminó la frase llorando, mientras observaba como una muchacha de oscuro cabello ondulado se situaba a su lado tras ella-. Jugaba contigo, hasta que empezaste a odiarme.

-Escucha, sé que tienes que cumplir la misión que yo no pude realizar y que por eso estás en Arreit, pero tengo que pedirte un favor muy grande -le dijo la chica hablando muy seriamente-. Necesito que alejes al chico del viejo y de su casa, llévatelo contigo.

-¿Por qué? –preguntó Ecila ya planteándose lo que vendría a continuación.

-Porque si está cerca del viejo y de su casa me es imposible contactar con él.

-¿Contactar con él? –Repitió Ecila-. ¿Y puedo saber para qué?

-Es el niño de la profecía –dijo ella.

-¿Qué? ¿Me lo confirmas? ¿Por qué?

-Ecila maldita sea, no me queda tiempo haz lo que te digo ¿vale?

La imagen de Shalina se distorsiono y…”

          Ecila se despertó con un sudor frio recorriéndole todo el cuerpo. El viento había dejado de soplar y a su lado Shérim también parecía estar teniendo un mal sueño, Derkin seguía roncando “Dios, ¿Qué ha sido eso del tiempo?” pensó. Volvió a tumbarse, en lugar de dormir miró las estrellas, las estuvo observando por tanto rato que no se dio cuenta de que algunas ya no eran visibles, estaba amaneciendo. Decidió dormir un poco antes de partir por lo que se recostó de espaldas a Shérim. “También le utilizará...” pensó antes de caer profundamente dormida.
          En Arjensin los días pasaban con calma, Crystal practicaba con sus nuevos poderes, bajo la estricta vigilancia de su madre ante cualquier descuido, la magia no se puede tomar a la ligera. La tarde siguiente a la marcha de Shérim, Crystal había bajado hasta el lago seguida de Pok, que empezaba a convertirse en un gran guardián. Ella también quería haber ido con Shérim a Asenger pero su padre lo dejó bien claro: “Tú te quedas y no hay más que decir”. Desde esa mañana no le dirigía la palabra a su padre, llevaba todo el día en el lago cuando por fin decidió volver a casa, pero Pok empezó a ladrar como loco y salió corriendo.

-¡Pok! ¿Qué haces? Vuelve –le gritó al cachorro preocupada, como el perro no la hacía caso salió corriendo tras él para atraparlo-. ¡Pok ven de una vez! ¡No hagas que me enfade!

          El cachorro frenó en seco pero no porque Crystal le hubiera amenazado sino porque había encontrado lo que le había inquietado.

-Ay… maldita sea Pok, como corres, estoy agotada –le replicó al cachorro-. ¿Qué es eso? –se acercó sigilosamente hacía el extraño ente al que Pok miraba intensamente-. ¡¡Un cadáver!! –el miedo la inundó completamente, sabía que había lobos en aquel bosque pero nunca hubo ningún ataque. Incapaz de moverse, un pequeño gemido proveniente del cuerpo hizo que se fijara… se movía-. Mmm… será mejor que… le cure ¿No? –Aplicó sus recién adquiridos poderes curativos, aunque no sabía muy bien cómo usarlos, sobre aquel cuerpo, aun completamente asustada.

          Cuando el cuerpo comenzó a respirar más fluidamente Crystal intentó cargarlo para llevarlo a su casa, al hacerlo se dio cuenta de que solo era un niño de unos 10 años, bastante delgado por lo que le resultó sencillo llevarle hasta casa. Cuando su padre la vio cargando con un bulto pensó que sería Pok, pero según se iba acercando a la casa se dio cuenta de que no era así y corrió a su encuentro. Anek puso sobre la frente del muchacho una toalla mojada, le tapó con la manta y salió de la habitación de Shérim, en la que habían metido al niño, dirigiéndose a la cocina donde estaban su marido y su hija.

-¿Cómo está? –Preguntó la niña tan pronto como vio a su joven madre, de melena rubia y ojos de un marrón claro, entrar en la cocina.

-Tranquila, solo tiene fiebre y está bastante cansado, supongo que tú hiciste algo cuando le encontraste, porque tiene menos fiebre de la normal en estos casos –le respondió con una sonrisa-. Aun así, no debes usar los poderes hasta que los entiendas.

-Ha tenido suerte de que tú le encontraras, Crys –comentó su padre, un hombre alto y corpulento, con el cabello corto de color castaño, como sus hijos, y ojos claros, marcado con diminutas cicatrices por todas partes-. Si le hubiera encontrado otro le habría dejado tirado aunque solo sea un niño ¿Has averiguado algo de él?

-Pues sí. Es… un niño elfo –dijo Anek con duda-. Quizás le atacaron los lobos y acabó cerca del lago.

-¿Elfo? ¿Qué es elfo? –Pregunto Crystal-. ¿Acaso no es un niño?

-Es una raza de este planeta Crys, y si, si es un niño, pero es un niño elfo – respondió su madre.

-Bueno, habrá que esperar a que se despierte, voy a terminar el trabajo –Gosbin se levantó diciendo estas palabras-. Sentados no aceleramos nada.

          Durante las siguientes dos horas Crystal no salió de la cocina, al rato le hacía caso a Pok y en instantes se fijaba en la puerta de la habitación, su padre había terminado hacía rato el trabajo y, ante la negativa de jugar un poco, se estaba echando una siesta- Su madre había ido al mercado por más provisiones para el invierno, que ya estaba cerca y ella seguía sentada sin hacer nada. Al llegar la hora de cenar el niño elfo todavía no se había despertado y la fiebre le había subido, Anek decidió llamar al doctor, pero este no quiso saber nada de un niño elfo enfermo. Crystal entró en la habitación e intentó ayudar al chico aplicando bien sus poderes, si funcionaba despertaría en unos minutos. Empezó a usar la magia y toda la habitación se iluminó, al cesar el destello y comprobar el estado del niño, pudieron comprobar que la fiebre había bajado bastante y parecía respirar muchísimo mejor que antes, también le había vuelto el color a la cara. Anek mandó a cenar a Crystal mientras ella comprobaba el estado del niño. Después de cenar Anek ordenó a su hija irse a la cama, ya que el uso de la magia la agotaba enormemente, aunque quería estar despierta para cuidar al niño tuvo que obedecer. Ya había pasado de la medianoche cuando el viento trajo desde los bosques el murmullo de una canción.

-Or… Orant… -se oía en mitad de la noche.

-¿Qué pasa? –Se dijo Crystal para sí-. ¿Qué es ese sonido?

          El niño elfo se levantó confuso, le dolía tremendamente la cabeza y estaba bastante desconcertado, reparó en que sus heridas estaban curadas “¡Erók!” pensó para sí, busco sus cosas por toda la habitación y se dispuso a salir de allí.

-¿Oye te has despertado? –Preguntó Crystal al otro lado de la puerta. El niño se asustó y se mantuvo en silencio, todavía se oía el murmullo de la canción proveniente del bosque, debía darse prisa o no llegaría a su cita, aunque ¿¡Ney Núppe!? Tenía que estar a las afueras del puerto por la mañana temprano, pero al parecer se había retrasado un día o dos, no estaba muy seguro de cuánto tiempo llevaba inconsciente.

-Voy a entrar… -avisó Crystal, aun ignorando si estaba despierto o no, al encender la luz descubrió que el niño no estaba en la cama, al mirar a su alrededor descubrió que le estaba apuntando con el arco-. Vaya… veo que… te encuentras mejor… -tragó saliva mientras decía estas palabras.

-¡Kertoin! –le grito-. ¿Don…de est…toy?

-En Arjensin… -contestó ella, el chico parecía asustarse ante aquella información.

-¿Núppe?... ¿Hora? –Volvió a preguntar con prisa, se acercaba pasó a pasó a la puerta.

-Emm… -no sabía qué hora era, pero se arriesgó-. …No… noche, no me dispares por favor.

          Sin decir nada más el chico salió corriendo, Crystal intentó seguirle pero al salir fuera el niño ya se había introducido en el bosque, volvió dentro y despertó a Pok, sin ningún razonamiento sobre lo que estaba haciendo, se introdujo en el oscuro bosque sin pensar.

-¡Vamos Pok, búscale! –ordenó al pequeño cachorro, que salió disparado siguiendo el rastro del niño, ella cogió un farol y le siguió a toda prisa, dejando la casa a oscuras y en silencio.

          El niño ya había avanzado bastante por el bosque, se movía con rapidez y agilidad, avanzaba por los lugares más difíciles saltando de rama en rama y a Crystal le costaba seguir a Pok pese que el cachorro solía esperarla, empezó a hacer mucho viento y según avanzaban el camino se hacía más y más difícil, parecía que iba a empezar a llover en cualquier momento, el problema era que a lo lejos se oían los aullidos de los lobos. Cuando recuperó el raciocinio tras escuchar los aullidos, pensó en volver a casa, pero ya había avanzado mucho y si volvía corría el riesgo de encontrarse con ellos o de perderse que sería aún peor, por lo que aumentó el ritmo para alcanzar al chico. “Es muy rápido” pensó después de un buen trecho corriendo, empezaba a cansarse cuando el bosque se terminó, frenó en seco agarrando a Pok para que no avanzara, habían llegado al barranco y no había rastro del niño elfo, los aullidos de los lobos parecían acercarse, estaba tumbada agarrando a Pok con los brazos, cuando iba a soltarlo el suelo se desprendió.

-¿¡Qué!? ¡Aaah! –Agarró a Pok como pudo y se sujetó a la raíz de un árbol-. ¡Porras! ¿Y ahora qué hago? –se volvieron a oír los aullidos de los lobos, cada vez estaban más cerca. Intentó poner a Pok a salvó, pero solo consiguió resbalarse-. ¡Maldita sea! Pok intenta subir ¿vale? –Volvió a intentarlo pero ahora no alcanzaba-. Pues… habrá que bajar... Espero que al menos el niño de los elfis o como se diga este bien.

-Yo… es…toy bien –le dijo el niño tendiéndole la mano-. ¿Y tú? –Al instante comenzó a llover con fuerza, haciendo que el resbaladizo barranco fuera más peligroso, la muchacha aceptó la mano del niño inmediatamente.

-Gracias –dijo Crystal cuando estaban a salvó con Pok en la copa de un árbol bien lejos del barranco-. Parece que sabes bien mi idioma.

-Me resul…ta compli…cado –confirmó él-. Te debo una dis…culpa. No debí apun…tarte con mi karec, arco, creí que eras un kertoin mal…vado.

-¿Kertoin? –Preguntó.

-Ma…mago –respondió él-. Perdo…name.

-Estás disculpado, pero me asustaste –le dijo mientras sujetaba a Pok que parecía tener interés por él-. Creo que le gustas.

-Eso es bu…eno –dijo sonriendo, aunque tras aquella sonrisa se exhibía una gran preocupación-. ¿Pue…des decir…me dónde es…tamos ahora exac…tamen…te?

-Pues… ahora sí que no lo sé, sé que el barranco esta al norte, pero muy lejos del pueblo, no creí que hubiera corrido tanto –respondió la muchacha bastante preocupada.

-Vaya… creo que mi… casa está cerca –dijo el chico pensativo-. Será me…jor que me vaya.

-¡Espera! Yo no puedo volver –dijo Crystal-. Más bien, no sé volver, ¿Qué voy a hacer?

-Ven con…migo, me sien…to res…ponsa…ble –le ofreció el niño.

-Pero… -aunque quiso quejarse y pedirle que la llevara hasta su casa, sintió una gran curiosidad por conocer a los elfos-. Vale... pero luego me acompañas a casa.

-Bien, en mar…cha –le cedió su mano de nuevo antes de emprender la marchar.

          Se pusieron en camino enseguida, corrieron al ritmo de Crystal en dirección noreste, debido a los lobos en algún momento tuvieron que ocultarse, ya había empezado a amanecer cuando salieron del bosque. Al rato se pararon para que Pok y Crystal respiraran un poco, siguieron caminando hasta que el sol salió por completo, habían alcanzado el camino principal, y sentados al borde del mismo recuperaban el aliento, mientras la lluvia seguía cayendo.