El original (I mean, el primero que puse)
Cientos de cadáveres se avistaban de
norte a sur y de este a oeste; la gran batalla había sido sin ninguna duda el
último encuentro. Ninguno de los dos ejércitos tenía hombres suficientes para
librar otra guerra similar, ni siquiera para pelear por una simple moneda de
cobre… –Recitaba el juglar que había llegado al pueblo hacía unos días-. Del
ejército del Imperio desapareció; de entre ellos, la raza troll, que se
dispersó y huyó. La raza gergen eran mercenarios y como el Líder del Imperio
había desaparecido, se fueron sin más. Ya sólo quedaba el propio ejército del
Imperio, y, como su líder no estaba, se pusieron a buscarlo. Pero cuando lo
encontraron, era demasiado tarde. Un guerrero, le había abatido: no tuvo miedo
alguno y fue a matar a aquel que nos había condenado –Seguía contando mientras
se movía de un lado para otro moviendo los brazos, los niños que había a su
alrededor escuchaban entusiasmados, mientras que los adultos y ancianos, se
divertían con el relato-. Cuando la batalla hubo finalizado, los soldados se
preguntaron dónde estaría ese guerrero, pero descubrieron que no estaba muerto
porque su cadáver no estaba allí, sino que una vez derribó al líder del
Imperio, se fue… -El juglar se quedó callado y empezó a dar vueltas por el
círculo cogiendo donativos por la historia-. Hasta aquí el relato del final de
nuestra guerra ya pasada. Pido un hurra por ese guerrero tan valiente ya que,
sin él, Dios sabe lo que podría haber pasado –concluyó la frase, sonrió e hizo
una reverencia mientras la gente vitoreaba y gritaba ese hurra por el guerrero.
No muy lejos de la multitud, pasaban
un chico y su hermana pequeña. Se dirigían a las afueras del pueblo donde se
encontraba su casa. Habían estado escuchando la historia a distancia y ahora
volvían al hogar. Él tenía una estatura adecuada para su edad, tenía el pelo
liso, de color castaño claro; También ojos azules y fuerza en brazos y piernas
aunque no lo pareciera a simple vista. Ella, más bajita, también tenía el pelo
castaño claro, una melena que le llegaba hasta bien cercana la cintura y ojos
verdes que brillaban como esmeraldas. Sus nombres eran Shérim y Crystal, tenían
15 y 8 años respectivamente, vivían en el país de Arreit desde que nacieron y
estaban instalados a las afueras del pueblo de Arjensin. Tenían una casa grande
con cuadra, gallinero... Crystal era una niña a la que le gustaba hacer muchas
cosas, pero sentía gran interés por la magia blanca, la cual se usa para la
purificación y curación. Por el contrario, Shérim no tenía tanto placer en tantas
cosas, prefería meterse en su alcoba, tumbarse en la cama e imaginarse a sí
mismo viviendo grandes aventuras.
El nuevo inicio:
El día era
claro, lo único que marcaba el otoño era la caída de las hojas del bosque,
cercano a la aldea, cuyo suelo había sido invadido por las mismas. La pequeña
aldea, situada a los pies de una colina y parcialmente rodeada del pequeño
bosque de Kemblin, estaba de celebración, era la semana del mercado. Desde
hacía tres días habían estado llegando caravanas de mercantes y, entre ellos,
diversos artistas ambulantes, algunos de ellos pertenecientes al famoso
teatrillo de la capital, a unos tres días de camino a caballo.
Un trío de
estos artistas era famoso por contar una historia tan trágica, como lo fue la
Guerra del “Demonio”, de forma teatral, que hasta las personas que la habían
sufrido se divertían escuchándola. Esos tres juglares, artistas de la capital,
se encontraban en ese momento rodeados de espectadores; Estaban realizando un
truco de malabarismos mientras uno de ellos tocaba el laúd e intentaba
incordiar a sus compañeros poniendo trabas en sus, ya difíciles, trucos.
Una joven
de cabello castaño y ojos verdes se hizo un hueco entre la gente para llegar a
la primera fila, se sentó junto con otros niños de su edad, que observaban
fascinados a los artistas.
-¿Ya ha
empezado? –Preguntó la joven.
-Aún no –le
respondió rápidamente uno de los niños.
Otro joven,
también de cabello castaño pero de ojos azules, observaba desde las filas
traseras, cuando tenía 8 años había hecho exactamente lo mismo que su hermana,
sentarse delante. Saludo con la mano a los chicos del Gremio de Herreros que
pasaron a su lado y se situó junto a sus amigos bajo el árbol de la plaza.
El sonido
de las espadas de madera marcaba el comienzo de un retazo de la historia, cada
año contaban uno distinto, acompañado de una actuación teatral, mientras se
turnaban para recitarlos, en cambio en la capital se realizaban obras cada poco
tiempo contando un fragmento. La plaza guardo silencio.
-Era una
explanada enorme –comenzó uno de los juglares, extendiendo su brazo de un lado
a otro para marcar profundidad. Los otros dos seguían combatiendo con las
espadas hasta que cayeron al suelo “muertos”-. Y lo único que se podía ver en
ella era hombres caídos, los que aún estaban conscientes no querían levantarse,
deseaban descansar.
-La lucha
contra el resto de razas había sido más difícil de lo que pensaban –recitó uno
de ellos, levantándose del suelo con una extraña voltereta, sus compañeros
rápidamente empezaron a ponerse máscaras de las distintas razas haciendo
malabarismos con ellas: elfos, gnomos, trolls, humanos-. Pero todo había
acabado por fin… Hubo una luz, un destello enorme –el hombre expandió los
brazos, tras él los malabares habían pasado a ser antorchas de fuego que
volaban de un lado a otro por la plaza-. Se dice que un guerrero atravesó
valientemente las filas enemigas, asaltando la plaza del palacio. Con fuerzas
renovadas los soldados del Rey Zharon lanzaron un último ataque, mientras que,
el extraño guerrero alcanzó la sala del trono donde combatió con las criaturas
más fuertes que le frenaban el paso hasta el Demonio.
-Mas no se
rindió, lanzó estocadas, sablazos, embestidas, profirió gritos, se deshizo de
casa uno de los que se ponían delante –el combate ficticio entre los juglares
había puesto a los más jóvenes en tensión, este año habían incluido trucos
mágicos-. Sólo quedaba él, quien tanto daño había causado, el guerrero se
plantó enfrente suya. Durante unos segundos ambos se miraron con odio,
escudriñándose el uno al otro, viendo a través de unos ojos oscuros, de odio,
de maldad…
La multitud
estalló en aplausos, los niños de la primera fila se levantaron y vitorearon a
los juglares, que con un sencillo truco mágico llenaron el cielo de fuegos y
luces. Los adultos comenzaron a arrojar monedas a los juglares, que realizaban
reverencias en agradecimiento. Los chicos bajo el árbol aplaudieron, a sus 15
años ya habían escuchado la historia entera, al menos una vez. El círculo se
iba deshaciendo poco a poco, el muchacho observó a su hermana levantarse y
buscarle con la mirada, se despidió de sus amigos y se dirigió hacia ella.
-¿Te ha
gustado la historia, Crys? –Le preguntó su hermano cuando esta corrió hacia él.
-¡Ha sido
increíble! –le dijo la muchacha emocionada, casi saltaba de la emoción.
-Bueno,
pues ahora nos vamos a casa –indicó su hermano.
-Pero
Shérim… -refunfuño su hermana, con clara intención de seguir revoloteando por
el mercado.
-Nada de
peros, hay que llevarle la compra a Madre –terminó su hermano, dándose la
vuelta y dirigiéndose a la salida del pueblo. Su hermana le siguió de cerca y
al cabo de unos segundos le acabó dando la mano.
Ambos
jóvenes vivían en el país de Arreit desde que nacieron y estaban instalados a
las afueras del pueblo de Arjensin. Tenían una casa grande con cuadra,
gallinero, establos y todo aquello que sus padres requerían como granjeros.
Crystal era una niña a la que le gustaba hacer muchas cosas, pero sentía gran
interés por la magia blanca, la cual se usa para la purificación y curación,
por lo que deseaba poder entrar en alguna de las famosas academias que se
encontraban al otro lado del mar. En el país de Venk, aunque era muy difícil entrar
en ellas y a su edad aún no sabía si tenía o no el don de la Magia. Por el
contrario, Shérim no tenía tanto placer en tantas cosas, prefería meterse en su
alcoba, tumbarse en la cama e imaginarse a sí mismo viviendo grandes aventuras,
siendo un ladrón, un caballero o cualquier cosa que se le pasase por la cabeza.
Últimamente le había estado interesando mucho la herrería, había frecuentado el
gremio de la aldea durante algunos días y cada vez que observaba un trabajo de
forja una emoción le llenaba por dentro, sin embargo cada vez que el Maestro
Herrero le veía le echaba a patadas del lugar ya que no podía estar dentro de
la casa sin ser aprendiz. Y eso ya era algo difícil, ya que normalmente los aprendices
comienzan el adiestramiento con 12 o 13 años, así que era tarde para él.
Por favor ser todo lo críticos posibles :)