El
último dragón de su especie tras la guerra draconiana. Se instaló en el norte,
junto con Vake. Ix sentía una continua envidia hacía los minerales que tanto
amaba la dragona e intentaba por todos los medios llamar su atención. El día
que Vake dejó el mundo por el mineral que amaba, Ix desató una tormenta eterna
intentado destruir aquellas piedras que le habían arrebatado el amor de su
vida. Lo único que consiguió, sin embargo, fue embellecer aún más aquel
mineral. Aún enfadado, no permitió que la tormenta cesase, ni aun cuando los
descendientes de Vake vinieron a terminar con su vida. Sus restos descansan
bajo las ruinas de Quel’zak.
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| Ilustración por David Mesa |

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