Yashlar siempre había sido una persona con altas expectativas en la vida,
era buen soldado, buen comerciante, en resumen era bueno para todo. Pero por
desgracia no era el primogénito y a pesar de su carácter generoso y afable
aquello le suscitaba celos hacía su hermano. Sabiendo que llegaría el día en
que su hermano heredase, dejándole a él como segundón ante todo, decidió
marcharse de viaje, conocer mundo y labrarse su propio futuro. Para su
desgracia no emprendió el viaje sólo, sino acompañado, aunque no dejo que eso
le molestase, estaba en la plenitud de su juventud y tenía pensado disfrutar de
ella.
El itinerario de su viaje se torció e Cerinks, una banda de trolls les
había robado y aquello les obligo a pasar un tiempo asentados en un pequeño
poblado. Tuvieron la suerte de conocer a Derkin, Kena y sus padres, quienes les
permitieron cobijarse en el granero el tiempo que necesitasen siempre y cuando
ayudasen con las tareas en la granja. Los primeros días habían sido infernales
para Yashlar, acostumbrado a que el trabajo forzoso lo hicieran otros, sin
embargo eran tantas personas en aquel viaje, que terminaban todas las tareas de
la granja antes de media tarde.
Los días pasaban y Yashlar trababa una férrea amistad con Derkin, quién le
contaba historias sobre el país y se ofreció a enseñarlo unas antiguas ruinas
de un templo, construido hacía más de 2000 años en honor a los eclipses que
suceden cada 4 milenios. Una tarde, subieron las montañas cercanas al pueblo,
dónde se encontraba el viejo templo, construido en mármol, era una construcción
rectangular, rodeado de columnas. Otros habitantes del pueblo también habían
subido la montaña, fue cuando Yashlar la vio por primera vez, Sand, una mujer
de impresionante belleza que Derkin no tardó más de cinco segundos en
presentarle y por una vez en su vida todo le salió mal, no supo hablar sino
balbucear, su andar se volvió torpe y jamás sintió tanta vergüenza de sí mismo.
Sin embargo la risa de la joven y sus palabras al irse le animaron, pues
esperaba volver a verle. Aún con la vergüenza iluminando sus mejillas Yashlar
disfruto de la visita al templo y sorprendió a Derkin al leerle las
inscripciones antiguas que había en él, pues según su amigo nadie sabía
leerlas, aquellas decían ‘ilnereb satah retone
ansul cohci ed qeu icnereor ol ralloar su als el’.
Desde aquel día, Yashlar subía al templo para leer aquellas palabras en
busca de algún significado, la excusa perfecta para poder verla todos los días.
Tras un tiempo Yashlar comenzó a obsesionarse con todo, había conseguido que
Sand le aceptase como futuro marido, tenía todo cuanto quería, pero por alguna
razón siempre quería más. La locura le llevo a tomar un castillo abandonado
bajo las Montañas Ardientes y desde ahí todo fue a peor. Conquistó Cerinks,
declaró la guerra, enloqueció y nadie llegó a saber nunca por qué.
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| Ilustración por David Mesa |

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