La leyenda
cuenta que la Nada creó un mundo, un mundo tan grande que a La Nada le fue
imposible llenarlo. Había colocado tierras y rocas aquí y allá, sin conseguir
una forma que acabase por convencerla de su creación. La Nada estaba desolada,
no sabía cómo podía llenar el mundo y este estaba vacío.
La Nada pensó
que alguien podría ayudarle, pero no había nadie más en aquel mundo, todo le
pertenecía a la Nada y nada lo habitaba. Así que, en lugar de llenar el mundo,
se llenó en su lugar con esos pensamientos y de ellos nació la Esencia. La Nada
fue feliz y se olvidó del mundo, pero la Esencia quería llenarlo y lo hizo.
La Nada se
maravilló con lo que la Esencia había construido, era hermoso y perfecto, pero
también sintió envidia, una envidia que hizo nacer al Fuego. La Nada huyó,
abandonando a la Esencia, al principio del mundo que había creado, dónde aún
era solo tierra y rocas.
Se obligó a
construir algo que pudiera compensar el daño que le había provocado a la
Esencia, así que construyó durante días sin descanso. Su creación era una
criatura nacida de la envidia, un humanoide que no tenía nada más. Cuando la
Nada fue a enseñarle a la Esencia lo que había hecho descubrió que la Esencia
se había ido, la había abandonado después de proteger su creación.
La Nada
detesto el mundo que había creado y quiso enviarlo al vacío, hacerlo morir.
Volvió con las criaturas que había creado y las convirtió en su ejército.
Matarían, destruirán... hasta el fin de los tiempos. Pero la Esencia también
había creado vida y cuando las Huestes de la Nada fueron a destruirlas, las
llenaron, llegando hasta la Nada los sentimientos de la Esencia.
Ambas
sintieron el alivio y pudieron descansar por fin, de la creación del mundo.

